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Nutrición Infantil Inadecuada


Datos experimentales sugieren que la dieta en los primeros años de vida tiene efectos en el crecimiento físico, desarrollo intelectual y funciones de diversos órganos de los niños.

La deficiencia de energía, proteínas, vitaminas y minerales lleva a un menor crecimiento corporal, en especial si se produce en las primeras etapas de la vida cuando la velocidad de crecimiento es mayor. La recuperación nutricional debe ser a tiempo, de lo contrario el niño puede disminuir la talla por la desnutrición. Una baja talla no por herencia, sino por desnutrición, se asocia a un desarrollo intelectual anormal.

El crecimiento se agrava si la madre no obtuvo el peso adecuado durante el embarazo. La desnutrición de la madre lleva a menor peso al nacer del niño y junto con la desnutrición de éste causan menor talla, menor perímetro del cráneo y envergadura física, menor masa muscular y menor capacidad intelectual.

El retraso de crecimiento de talla es tal vez la forma más prevalente de desnutrición en el mundo. El tamaño corporal final del niño está determinado por factores genéticos, ambientales y nutricionales. Para que el potencial genético se exprese completamente las condiciones nutricionales y ambientales deben ser las adecuadas, es decir, una alimentación acorde a la edad y un ambiente con aspectos sanitarios y culturales favorables.

Las causas de retraso del crecimiento de talla son multifactoriales: desnutrición por infecciones reiteradas y bajo aporte alimentario entre los más importantes. Le siguen el daño crónico al intestino por agentes microbiológicos y parasitarios (que causan diarrea), enfermedades diversas y la privación psicoafectiva.

Estos niños desnutridos con baja talla, serán adultos desnutridos y esto se asocia a mayor riesgo de retraso del crecimiento fetal de sus hijos, produciéndose un círculo vicioso.

La desnutrición también es la causa más frecuente de inmunodeficiencia. El niño desnutrido tiene disminuidas las defensas y la resistencia a infecciones, entonces es más vulnerable a infecciones recurrentes que lo desnutren cada vez más, conformándose el segundo círculo vicioso.

La desnutrición de energía y proteínas y la anemia por deficiencia de hierro son factores de riesgo para el desarrollo mental normal del niño. Esta desnutrición es difícil de analizar por separado, ya que por lo general está inmersa en un medio de pobreza, infecciones, diarreas y analfabetismo materno.

La desnutrición es un factor de riesgo pero no se puede decir que ella sola sea suficiente para desviar el desarrollo mental del niño. El riesgo es alto en niños que viven en medio de la pobreza.

En cambio, para el caso de la anemia por sí sola es causa de un rendimiento comparativamente pobre en las escalas mentales y motoras de los niños. Los valores de estas escalas cambian al suplementar al niño con hierro (en forma de sulfato ferroso). Entonces, a diferencia de la desnutrición, podemos afirmar que la anemia por sí sola ocasiona disminución del rendimiento intelectual del niño.

La realidad es que los niños desnutridos viven en un medio donde las condiciones sanitarias, sociales, económicas y culturales no los favorece y no les permite desarrollar su potencial intelectual. Y lamentablemente de este medio es muy difícil salir, los niños desnutridos tienen hijos desnutridos que viven en las mismas condiciones que ellos y que tampoco van a poder desarrollar sus potencialidades.

En esta sociedad desigual donde se amenaza el desarrollo mental de los niños menos favorecidos, si bien son necesarios programas de asistencia alimentaría, sólo con programas multifocales se podrá optimizar el potencial intelectual de nuestros niños.

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