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Diarrea Estival – Las Razones y El Tratamiento


Los expertos recomiendan tratar la deshidratación diarreica mediante rehidratación oral. La cocción e higiene de los alimentos ayudan a prevenir los males estivales.

Las causas de las diarreas por lo general no se conocen o se conocen cuando ya pasó el episodio diarreico. De todas formas la causa no es relevante, pero sí lo es el oportuno tratamiento.

Los bebés, al igual que los ancianos, son propensos a deshidratarse. La deshidratación puede provocar sed o no. De todas formas si el niño tiene sed lo expresa mediante el llanto y la madre por lo general interpreta que tiene hambre y le ofrece leche o alimentos, cuando lo que necesita el niño es agua sola, ya que los alimentos aumentan cada vez más la sed al aumentar la cantidad de solutos en sangre.

Las diarreas agudas (de una duración menor de 7 días) en los niños pueden tener diversas causas: infecciosas, debido a una contaminación por virus, bacterias o parásitos. O no infecciosas, debido a intoxicación, sobrealimentación, ingesta de gran cantidad de fibra, por problema hepático, nervioso o alérgico.

Una infección se da más en los niños alimentados con biberón, por dos razones:
La primera, porque es más fácil que se contamine una mamadera, que la leche del pecho. La leche del biberón pudo no haber estado en heladera o una vez abierta pudo contaminarse, o la tetina pudo no estar aséptica y en temperaturas de más de treinta grados, el crecimiento bacteriano es muy acelerado. Si el bebé ingiere sólo unas bacterias el cuerpo puede hacerle frente y no producir enfermedad. Pero como las bacterias se duplican cada 20 minutos es muy fácil que aumenten a una cantidad como para producir diarrea.

Para evitar la contaminación, si es leche en polvo, prepararla en el momento de ser consumida y asegurarse que el agua utilizada sea potable. Si hay dudas de su potabilidad, hervirla durante 10 minutos, ni más ni menos. Asegurarse de la completa higiene del biberón. Si la leche es líquida, mantenerla en heladera. Una vez abierta calentarla a casi hervor y entibiar. La mayoría de los gérmenes mueren a una temperatura no mayor de 72ºC. No hervir, ya que el calcio quedaría en la nata.

Un niño que fue alimentado con pecho tiene más defensas contra los gérmenes que uno que no recibió pecho. La leche materna tiene anticuerpos (moléculas que atacan cuerpos extraños). Las leches especiales para bebés, llamadas fórmulas infantiles, imitan muy bien a la leche materna, pero esta característica por ahora es imposible de cubrir. Esto hace que un niño que no recibió leche materna sea más propenso a enfermarse.

El tratamiento es en un primer momento, hidratación. Esto se logra con sales de rehidratación oral, que se compran en la farmacia. Son accesibles y si es posible conseguirlas, es lo mejor. O en casa si no se tiene acceso a ellas, diluir en un litro de agua potable 20 gramos de glucosa o 10 de azúcar (2 cucharaditas de té), una cucharadita tamaño café de bicarbonato de sodio y media de polvo de hornear.

El agua con estos solutos se absorbe más fácilmente. Si le damos al bebé agua sola también se va a hidratar, pero con sodio y glucosa la absorción de agua es más rápida y completa.

Se administran las sales cada 20 a 30 minutos, el niño las tomará con avidez. Si las vomita, intentar nuevamente 3 veces, si las vuelve a rechazar, llevar inmediatamente al médico, que lo hidratará por vía parenteral. Una vez que esté hidratado (el tiempo es variable, generalmente no es mayor de 8 horas, pero en deshidrataciones graves puede llegar a 24 horas) se comienza con la realimentación.

Se le ofrece una alimentación sin estímulos intestinales. Actualmente esta realimentación es más abierta. No se le da sólo puré de manzana y arroz. Se trata de mantener la alimentación habitual, sin manejar fuertes estímulos, como frituras, líquidos con azúcar en alta concentración, fibra, productos enlatados y frutas ácidas entre otros.

Como conclusión, para prevenir la diarrea, primero tenemos que tratar de alimentar al bebé con pecho, teniendo paciencia e ingiriendo suficiente agua como para que el cuerpo pueda sintetizar la leche. Si esto no es posible, los biberones deben tener las máximas condiciones de asepsia. Primero se debe hidratar y luego realimentar lo antes posible para no desnutrir, más en los niños pequeños, que están en pleno desarrollo.

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